Escrito por:
Jose Breso
Primer teniente de alcalde de Torrent España
había durado demasiado.
Hace 25 años, entumecidos todavía por el periodo anterior, los españoles fuimos capaces de redactar nuestra primera ley desde el diálogo, desde el consenso, desde el acuerdo general. Queríamos unas normas que satisficieran a todos, independientemente de su sexo, raza, o religión. Éramos conscientes de que la apuesta merecía la pena. Nos jugábamos nuestro futuro, pero nuestra ilusión por comenzar una nueva etapa en la que la voz del pueblo realmente iba a ser escuchada, lo hacía todo más sencillo. Comenzaba una nueva época de grandes esperanzas, en la que había que olvidar el rencor y la ira y empujar entre todos el carro de la libertad, que era el principal vehículo para convivir en paz.
Tras la aprobación de la Constitución en diciembre de 1978, el 19 de abril de 1979 se constituyeron los primeros ayuntamientos elegidos democráticamente y por sufragio universal. Hace ahora 25 años desde que los ciudadanos de Torrent celebramos aquellas elecciones con ilusión y con esperanza; y también con la certeza de que la libertad era un valor que teníamos que defender para conseguir una sociedad más justa.
Durante estos 25 años, los municipios de España se han transformado. Han sido capaces de crecer y progresar manteniendo la cohesión social e impulsando actitudes cívicas y tolerantes.
Por eso, debemos en primer lugar rendir un agradecimiento público por su dedicación y espíritu cívico y democrático a aquellos concejales y concejalas que, en precario, de forma desinteresada, pero con gran imaginación e ilusión, pusieron en marcha los nuevos Ayuntamientos.
De la gestión de las primeras corporaciones democráticas ha quedado una huella imborrable, una huella de proximidad, de modernización, de impulso de los valores cívicos de participación ciudadana, de sinergia con los representantes del movimiento vecinal, de afán en la calidad de los servicios públicos y de una concepción de los derechos y de las políticas sociales, que han orientado la evolución de nuestro Ayuntamiento.
El mundo local, los Ayuntamientos, nos hemos constituido en un motor de cambio y de desarrollo. Hemos sido la gran palanca para superar atrasos atávicos y nos hemos revelado como modelos de gestión modernos y eficaces, desarrollando una cultura favorable al necesario papel de lo público, abriendo nuevas fronteras y desafíos, no sólo en la defensa del medio ambiente o de la cultura, sino definiendo día a día una nueva concepción de la ciudadanía basada en el protagonismo democrático y en la universalización de los servicios sociales básicos concebidos como nuevos derechos.
Los Ayuntamientos, que desde entonces son lo que los ciudadanos quieren que sean, tienen también un importante papel en las vidas de los ciudadanos, pues son las instituciones más cercanas a los vecinos y las que han de tener mayor sensibilidad hacia sus problemas y sugerencias.
Ahora más que nunca podemos afirmar que los poderes locales son también la fuerza de Europa, y la prueba evidente es que recientemente se celebraron las elecciones europeas en las que los ciudadanos de los 25 países de la Unión Europea eligieron un Parlamento común.
Y hoy más que nunca podemos afirmar que ha llegado la hora de los Ayuntamientos. Ha llegado la hora de la administración local.
Desde 1978, la política territorial de la democracia española se ha concentrado básicamente en la construcción del Estado de las Autonomías. Ahora, en el nuevo siglo, en el nuevo milenio, la política territorial ha de dar respuestas a los nuevos horizontes de la autonomía local y de su financiación.
España ha de seguir los pasos de la realidad que ya se abre paso en Europa. España ha de iniciar un proceso de devolución de poderes hacia lo local. Las ciudades han de cobrar protagonismo como escenario y como espacio de la política, en la organización de la democracia y en la solución y respuesta, desde la proximidad, a las nuevas necesidades de la humanidad.
Porque los Ayuntamientos españoles continuamos sufriendo los mismos problemas que denunciábamos hace ya dos décadas. En España no se ha desarrollado sustancialmente la vieja reivindicación del municipalismo formulada como Pacto Local. Y la Comunidad Valenciana, donde se firmó el primer pacto local entre la Generalitat Valenciana y los Ayuntamientos, es la única comunidad española donde no se consigna ni un solo euro destinado al acordado Pacto Autonómico de Cooperación.
Todo esto, junto a la insuficiente y mal planteada financiación local, ha sumido a los Ayuntamientos en la asfixia económica, y ha dificultado en gran manera la creciente demanda de servicios públicos de calidad que exigen nuestros ciudadanos.
Ante esta situación, la conmemoración del 25 aniversario de los Ayuntamientos Democráticos ha de servirnos para ratificar nuestro compromiso por la ampliación de las fronteras de la participación de todos y de todas, construyendo un nuevo Gobierno Local capaz de centrar sus prioridades de actuación en la seguridad, en la ocupación, en el apoyo a las iniciativas de los emprendedores y trabajadores autónomos, en la ayuda a las familias, en el acceso a la vivienda, en las prestaciones sociales básicas para todos, en la defensa del medio ambiente, en la mejora de las condiciones de ordenación del territorio, de la movilidad, del transporte público y de la habitabilidad.
Así pues, las reformas necesarias llevan implícito un nuevo planteamiento de traspaso de competencias a favor de las Corporaciones Locales en materias como seguridad ciudadana, justicia local o de proximidad, ocupación, vivienda, cultura, educación, desarrollo sostenible, derechos sociales y prestaciones básicas, servicios sociales, integración social de inmigrantes, así como la estimulación y el impulso de planes concertados entre las tres Administraciones Públicas.
El XXV aniversario celebrado recientemente constituye una magnífica ocasión no sólo para rememorar una conquista democrática y hacer balance de dos décadas y media de gestión municipal; es una ocasión inmejorable para compartir con el conjunto de España y de sus instituciones, una clara apuesta de futuro.
Nos hallamos ante un nuevo reto. La autonomía local ha de crecer. Necesitamos un nuevo marco normativo que nos permita continuar resolviendo con eficacia los problemas de la vida cotidiana de nuestros conciudadanos. Un nuevo marco normativo que reconozca lo que los ayuntamientos ya estamos realizando. Un nuevo marco normativo que reconozca que la relación más íntima con los ciudadanos la tenemos los ayuntamientos. El poder local ha adquirido durante todo este tiempo una madurez que ya permite en algunos casos anticiparse a las necesidades de los ciudadanos para solucionar los problemas con eficacia, y dotar de las infraestructuras y servicios necesarios a los municipios para mejorar la calidad de vida. Por eso, el poder local, que ha sabido adaptarse a numerosos cambios y ha desempeñado en mucha ocasiones competencias que no le pertenecen, debe saber también trasladar sus necesidades para que se modifiquen algunos aspectos, como su financiación o sus ámbitos de actuación, y puedan estar a la altura que los vecinos, cada vez más exigentes, demandan.
Los aniversarios son sólo números, más o menos redondos, que nos distancian de un acontecimiento. No tienen mayor importancia. Sin embargo, en este caso la tienen porque muestran con obviedad que una institución tan cercana al ciudadano como el Ayuntamiento se ha consolidado con el tiempo y ha sido muy útil, y sobre todo, porque nos invita a todos a entrar en un debate para mejorar lo hecho hasta ahora. Ojalá las efemérides siempre puedan beneficiarse de este diálogo.
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