Escrito por:
Mynor Hernández
Director Munikat
En la antigua Grecia el demiurgo era un dios creador y un principio activo del universo. En forma semejante, en Guatemala, hasta ahora, el presidente es un demiurgo, pero en cuya relación simbólica no se trata de un dios sino de un origen creador que no se encuentra ligado al universo sino a la estructura social de donde proviene; es decir, no puede ser cualquier mortal.
Al presidente se le considera creador de riqueza, principio de organización, representante de la unidad nacional, la fuente suprema de poder. Un simbolismo que prevalece en la sociedad civil, aquella que está alejada de la cosa pública, y de donde salieron los cientos de visitantes del domingo. Seguramente que si le grabaron al presidente Berger los saludos de todos ellos, habrá muy pocos donde no haya una solicitud concreta para satisfacer una necesidad propia, trabajo, seguridad, vivienda, y otras más. Claro está, que si en la cola hubiesen estado los nuevos diputados y alcaldes electos, la mayoría también habría “pedido” todo aquello que le traiga beneficios políticos en el corto y largo plazo; porque también en ellos existe el mismo simbolismo del demiurgo, y es más fácil pedirle al presidente que meterle la mano en el bolsillo al vecino que los eligió.
Puede ser que el acto del domingo haya sido en verdad un primer indicio que el presidente Berger quiera romper con esa percepción de su cargo, si así fue, lo hizo en la ruta equivocada. Ahora, en un segundo acto, puede convocar a un verdadero pacto social de gobernabilidad, para que sea la sociedad organizada junto a él que tiene el mandato legal y legítimo que da el voto quienes prioricen las acciones a seguir y será el gabinete de gobierno el responsable de ejecutar y por lo tanto a quien también deberá evaluar y auditar la misma sociedad. De esa forma, el presidente hasta puede tener el tiempo suficiente para pensar en las grandes líneas del desarrollo nacional, dejando que sean sus colaboradores los que se pierdan en el día a día, total, ellos no fueron electos y pueden ser cambiados cuando las circunstancias lo ameriten.
Pero si pesa más la tentación de concentrar el poder para decidir por todos, en beneficio de unos pocos, lo del domingo podrá ser considerado el acto del destape, una transubstanciación al revés, es decir, en el rito católico esta se establece por el hecho de que Dios se hace hombre y se encarna en la hostia. Allí se habrá dado un proceso inverso ya que de un hombre normal, Berger cambió de substancia para hacerse otro Demiurgo-Alma Social.
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